negro, negro y rojo.

Las paredes se estaban cayendo a pedazos; desmoronándose tan rápido como los rayos de tormenta que caían fuera, evaporándose gracias a los escalofriantes y terribles gritos en la casa. El eco se volvía un laberinto interminable donde el silencio le taladraba el alma con sus garras silenciosas. La luz se transformaba en un enorme fantasma negro que penetraban sus pupilas claras y las hacía arder, ahogarse en agua salada. Le quemaban, le deshacían por completo el cuerpo, des-armándola como muñeca de trapo que había sido atacada por millones de filosas y furiosas tijeras, llevándola hasta el fondo del océano oscuro. Ese maldito fondo oscuro donde los brazos no servían para salir, ni las piernas para subir. Ella le llamaba abismo, infierno, purgatorio. Los demás solo le llamaban familia, madre y padre.

5 comentarios:

For the heart i once had dijo...

Una clara sensación que es un tanto recurrente en las familias, me encantan tus textos!
Un beso grande!!

Niña de papá dijo...

Con tu permiso me uno a tus seguidores porque este rinconcito me ha encantado y quiero pasarme a leerte cada vez que pueda.

Un besazo, bonita!

p.D (Gracias por el comentario que me has dejado. Me ha hecho muchisisima ilusión) :)

Rocío dijo...

Eres increible, me encantas
Un besote!

MeryC dijo...

Este rincón tuyo me ha gustado mucho, mucho (me uno a tus seguidores para poder pasarme por aquí siempre que pueda)


Una bolsita llena de sugus de todos los sabores.

MIMÍ dijo...

WOW!
Es lo único que puedo decir. Me encanta! Me uno a tu rincón :)
Un beso

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