amenazas del corazón

— Deja de cometer locuras. — pedía casi a gritos, tratando de evitar que continuara en mis intentos valdios y lejanos de lograr mi cometido.
— Tu no entiendes. Nadie entiende.
Estaba harto de escuchar las negaciones de los demás. Que la locura me había invadido, que mis intentos eran solo fracasos inútiles que se verían reflejados en mis últimos días de sensatez. Claro, ellos no entendían lo que sentía, no se colaban entre mis huesos para tratar de ver como en lo hondo de mis entrañas, mi corazón estaba amenazando con caerme hasta los pies si no le encontraba a ese motivo que lo sostenía desde hace tiempo. Ese motivo que se había ido. Lo escuchaba cada noche, gritando su nombre, sacudiéndose de lado a lado, casi quitándome la respiración.
— No lo hago tanto por mí, lo hago por mi corazón. Él es quien la necesita. — susurré, colocándome en la espalda ese artefacto medio raro que llamaba yo cohete casero. 
— El corazón no habla, por dios. ¡Te has vuelto loco! — bufó, negando con la cabeza y la mirada mis suposiciones, claro, él como siempre no creía en lo mismo que yo.
— ¿Que no habla? — reproché, encarándolo — Entonces explícame que son esos berridos ahogados que escucho las veinticuatro horas del día en mi pecho, los movimientos circulares y esos berrinches que hace en las madrugadas de remolinearse entre las costillas gritando como un loco porque ya no la tiene a ella cerca. Explícame porque se niega a funcionar, a latir, y solo sabe hacer rabietas de niño dentro de mí, a pegar gritos escandalosos que parece que lo están matando con treinta mil varas de plata, fierro, hierro y quien sabe, hasta kriptonita quizás. 
Guardo silencio, agacho la cabeza. Era justo lo que esperaba. Era la misma actitud de siempre, seguros de que el único loco que existía era yo. Patrañas, yo solo quería recuperara, donde quiera que estuviera, así necesitara de este y muchos intentos más. 
— Exactamente. Tú no crees en el amor, no sabes amar. Tú la dejaste ir y quieres que yo también lo haga, tu no intentaste recuperarla, y quieres que yo también me quede de brazos cruzados. Tú no hiciste caso a las amenazas de tu corazón y por eso murió. Por eso eres frió, razonable, lógico. No entiendes al amor. 

7 comentarios:

Snow dijo...

No sé por qué, no me sale cuando actualizas, me pasaré de vez en cuando a ver si algo nuevo.
Me ha encantado la entrada y por cierto gracias por recomendarme el grupo :3

mili dijo...

El corazon habla, cada sengundo, cada minuto, porque el nos guia a cada momento :)
Tienes un premio en mi blog.

MIMÍ dijo...

Oooh.
Increíble!
Precioso, como siempre!
Un besito :)

Rocío dijo...

Me encantó, triste la gente que no comprende que el amor existe.
Un besote!

Cassiël dijo...

¿Y cómo no iba a hablar el corazón? Si las mayores locuras, esas que nos acaban destrozando las vértebras y haciendo que nos cuestionemos hasta el color de sus ojos, son las que él mismo nos va gritando, nos va susurrando a poquitos.

Porque, ¿qué somos nosotros si no unas marionetas con hilos contra la aorta?

Centinela dijo...

Oh... bueno, yo es que, según ya seguía tu blog, pero no me salen tus actualizaciones ni na'. Qué desgracia... con lo mucho que me gusta este lugarsito, en fin, gracias por pasar al mío.

(acabo de regresar, y apenas me vengo poniendo al corriente)

Evangeline dijo...

El corazón puede ser más persona que muchos de nosotros.

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